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Alta Fidelidad: Palito Ortega, obra de arte total

¿Estaremos en tiempos de que hasta el azar o la serendipia es una estrategia de marketing intransferible y sofisticada? De otra manera debería asumir que, bueno, todas las personas que estuvieron...

¿Estaremos en tiempos de que hasta el azar o la serendipia es una estrategia de marketing intransferible y sofisticada? De otra manera debería asumir que, bueno, todas las personas que estuvieron en la función de A mamá (una orestíada vernácula) el jueves, en la sala Mercedes Sosa del Centro Cultural Borges, también empezaron el día atentos o “notificados” (nótese el cambio en la relación de fuerzas en la industria cultural ya desde el lenguaje) al lanzamiento de un nuevo “sencillo” (que de esa palabra tiene poco) de Ca7riel & Paco Amoroso llamado “Ha Ha (A COLORS SHOW)”.

En mi caso debo asumir que entré a la obra por la magia de lo que podríamos llamar “show encontrado” que viene a ser cuando se va a un espacio con intención planificada, pero el espectáculo en cartel ya bajó y se termina viendo algo desconocido.

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El track del dúo dinámico de la nueva música pop argentina (acaso en su fase más internacional) ya me había llamado la atención tras el lanzamiento despampanante del álbum Free Spirits. En particular, por el uso onometopéyico, percusivo, de la risa seca (como de cómic) del “ja, ja” de “La Felicidad”, la unidad básica de Palito Ortega de 1967. El sample introduce el segmento de Paco Amoroso, el más oscuro del sencillo que es pura complejidad, y que a medida que transcurre el track se aleja de la intención original para pasar de las coreos de Flecha Juventud (arqueología pop) al Joker.

En el regreso de la obra de Guillermo Cacace (2003, 2013, 2026), la adaptación del clásico griego culmina con Orestes estrangulando a su madre Clitemnestra con “La sonrisa de mamá” (Palito Ortega, 1972) y el ruido de una luces navideñas con las pilas al mínimo como soundtrack.

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Esta presencia de Palito en destinos un tanto ajenos a su consagración (una tragedia griega en clave absurda, un sample en el pop siglo XXI) a partir del Club del Clan no viene con el auge insufrible del consumo irónico sino que tiene raíces menos sencillas y fue notificada (para retomar el lenguaje de la industria) muy pronto por la neo vanguardia argentina de los 60.

Sobre todo, por Alberto Greco, el catalizador de todo y todos que estaba obsesionado por la popularidad de Palito al punto que, de acuerdo al mito, había llegado a proponerle al Teatro San Martín convertirlo en uno de sus Vivo Dito (obra de arte viva) en el hall. Propuesta que habría sido rechazada por el teatro ante el riesgo de que una avalancha de fans destruyeran su fachada vidriada.

Pero el (no) carisma y la música popularísima de Palito como insumo para el artista argentino más influyente para el arte contemporáneo aparece también en la ¿novela? Besos Brujos, en la que incluye como una instrucción cantar “Sin Timón”, otro de sus hits en el Clan. Ese mismo año, 1965, Marilú Marini y Ana Kamien bailaron la lúgubre “Vestida de novia” en Danse Bouquet, el desembarco de la danza pop en el Di Tella.

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En A Mamá, la canción que Palito grabó para que se convierta en el regalo perfecto del día de la madre es también tocada por Ifigenia en la guitarra criolla pero sin ritmo, una letanía tan inexpresiva como el gesto adusto del “autodidacta tucumano” (otra cita, aquí al genial personaje del uruguayo Andrés Redondo en “Veladas Paquetas” en Hiperhumor). Provoca risas, las mismas del Bafici, donde por alguna razón hay que reírse de (casi) todo. Es un guiño muy característico del teatro under de los 80 y 90 y la puesta escénica empuja a eso. Esta Orestíada sucede en una navidad de mierda en donde, descripción de la ficha técnica, los personajes de la tragedia habitan una mesa del conurbano bonaerense. Es más se parece más a Verónica Llinás que su propia Navidad de Mierda que es el boom de la renacida Avenida Corrientes.

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Ca7riel & Paco Amoroso hacen de la ironía su pista de patinaje. El uso del “Ja Ja” (o “Ha Ha”) tiene la genealogía de la apropiación del cómic en el pop art y el eteno dilema de los artistas pop que se suben a la limusina con las zapatillas sucias. ¿Son felices o cumplen con la felicidad de los que si no sacan fotos no fueron a verlos? La presencia transversal de Palito Ortega convierte su sencillez, a veces ramplona otras deslumbrante, en enigma. ¿Obra de arte total? Bueno, apenas una apropiación del polémico ensayo de Boris Groys sobre el sanguinario Stalin. Palito apenas si se probó el traje de la real politik.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/alta-fidelidad-palito-ortega-obra-de-arte-total-nid06092026/

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