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De la pelota de goma a los juegos virtuales: cómo disfrutaron su infancia tres generaciones

“Miramos el mundo una sola vez, en la infancia. El resto es memoria”, dice uno de los poemas más famosos de la ganadora del Premio Nobel de Literatura Louise Glück.En coincidencia con ...

“Miramos el mundo una sola vez, en la infancia. El resto es memoria”, dice uno de los poemas más famosos de la ganadora del Premio Nobel de Literatura Louise Glück.

En coincidencia con un nuevo Día del Niño en nuestro país, LA NACION habló con familias y especialistas en infancia para entender cómo miraron y cómo miran el mundo los niños argentinos, qué juegos y juguetes acompañaron a distintas generaciones, qué cambió y qué perdura de la infancia en la Argentina.

Adriana Pérez Caballier tiene 61 años y hoy vive en Vicente López, pero pasó su infancia en Gualeguaychú, Entre Ríos, donde mucho más que los juguetes recuerda los juegos con sus hermanos, tanto en su casa como en la calle. “Jugaba a la maestra con un pizarrón, a la vendedora de tienda y, sobre todo, hacíamos representaciones artísticas de teatro con disfraces, guitarras”.

Por entonces, su ídola era la locutora de un programa infantil en la radio del pueblo y las siestas, recuerda, eran un momento memorable en el que aprendían y descubrían muchas cosas. “Mi mejor recuerdo ocurrió así. Pusimos una bañera vieja en el patio, la llenamos de agua, enjabonamos el borde y jugábamos ahí; era la sensación de algo nuevo, una aventura”.

Su hija, Paula Cabrera, de 34 años, recuerda como juguete favorito unos perros de peluche de tamaño real, pero, al igual que su madre, valora los juegos. “Me gustaba la mancha, el cuarto oscuro, la sardina enlatada. Soy de la época de las popstars, de Bandana, y me acuerdo de bailar horas haciéndome la cantante frente al espejo con la radio encendida”, dijo.

Como espacio de juego, su casa y la calle cortada en la que vivía cobraban protagonismo. “Solía jugar con mis hermanos y los vecinos de enfrente. Jugábamos al fútbol, tomábamos mate en la vereda, en el verano había guerra de bombitas y andábamos mucho en bicicleta”, recuerda. Y agrega: “Tengo un montón de recuerdos lindos, pero recuerdo con mucho cariño los veranos que pasábamos en Gualeguaychú en la quinta de mis abuelos con mis primos. Era Disney ir allá de vacaciones”.

Al igual que su madre, Ámbar, de 11 años, también menciona un peluche como juguete favorito. “Se llama Renato y lo tengo desde los 2 años. Duermo todos los días con él. Me lo regaló mi tío. Y mi favorito es el A quién elijo, un juego de mesa en el que tenés que ir bajando personas con pistas”, dice.

En el caso de Ámbar, la familia tiene un peso importante a la hora del juego. Dice que, además de sus amigas del club donde practica gimnasia y del colegio, suele jugar con sus primas y sus hermanas.

“Mi mejor recuerdo de la infancia es cuando en el Mundial 2022 vi los cuartos de final con mis primas y mi tía. Hacía calor, así que dijimos: si gana la Argentina, nos tiramos a la pileta con ropa. Entonces nos tiramos y, así, todas mojadas, fuimos a festejar”.

Una infancia que cambió

Especialista en derechos de la infancia e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Verónica Llobet señala tres grandes cambios que transformaron la infancia de hoy frente a la de padres y abuelos.

En primer lugar, menciona la profunda transformación de las relaciones intergeneracionales y de la autoridad dentro de las familias. “Los adultos de hoy crecieron, en buena medida, en el marco de una sociedad marcada por la experiencia dictatorial: autoritarismo, violencia y silenciamiento marcaron de alguna manera la experiencia infantil durante los setenta y ochenta, y muchos adultos, consciente o inconscientemente, construyeron su mater/paternidad en oposición a ese modelo en el que el respeto se confundía con obediencia ciega y el mundo adulto ejercía la autoridad de forma autoritaria”, dijo.

El segundo gran cambio que distingue Llobet es tecnológico. “Las pantallas y las redes otorgan a los niños una independencia inédita y, al mismo tiempo, restan a los adultos capacidad de protección y control: buena parte de lo que hoy ven, aprenden y sienten los chicos ocurre en espacios a los que los adultos apenas accedemos”, dijo.

Y, por último, el tercer cambio relevante es el debilitamiento de los espacios de integración social entre clases sociales. “La escuela y el barrio fueron durante generaciones lugares donde chicos de orígenes distintos se cruzaban, jugaban y crecían juntos. Ese tejido común se ha ido erosionando, y con él uno de los escenarios productores de las experiencias más igualadoras de la infancia argentina”, explicó.

Ricardo Fernández tiene 75 años, vive en Rafaela, Santa Fe, y dice que en su época “había poco”. “Jugábamos con la pelota de goma, los autitos de suspensión y juguetes artesanales que hacían padres y abuelos, como el carrito de rulemanes”, recuerda.

Su hijo, Javier Fernández, de 43 años, menciona más juguetes que su padre. “Jugaba con muñequitos de personajes animados como Thundercats y Halcones Galácticos, con rastis, pelota de fútbol, de básquet; después apareció el Family Game”.

Con, Santiago, de 10 años, aparecieron nuevos entretenimientos en la familia. “Roblox, de celular; el Uno, de mesa; metegol y la pelota al fútbol”.

A pesar de las diferencias que pueden existir entre los tipos de juegos, en esta familia los ídolos futbolísticos aparecen como el hilo conductor. Mientras que Ricardo recuerda admirar a los futbolistas que escuchaba por la radio como Ermindo Onega y Amadeo Carrizo, Javier menciona al Bichi Borghi, Batistuta, Maradona y Albeiro Usuriaga. Por su parte, Santiago responde: “Mis ídolos son Lionel Messi, Manuel Neuer, Luis Suárez y Neymar”.

Indudablemente la infancia se modificó en las últimas tres generaciones.

“Cambiaron los juguetes, los espacios de juego, las formas de vincularse y, especialmente, la presencia de la tecnología. También cambiaron las familias, las formas de crianza y la manera en que entendemos a los niños, hoy reconocidos como sujetos de derechos”, dijo Lorena Bolzón, investigadora del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral.

Sin embargo, sostuvo, hay algo que permanece: los niños necesitan jugar, tener amigos, pertenecer, imaginar, explorar y sentirse queridos y cuidados por adultos significativos.

“Cambian los escenarios, pero permanecen esas necesidades profundamente humanas. Quizás, al mirar tres generaciones, podamos decir que cambió casi todo lo que rodea a la niñez, pero no cambió aquello que hace que un niño sea un niño”, dijo.

Lo que permanece

En la familia de Mónica López, de 69 años y residente de Olivos, mientras ella y su marido, Enrique Rodríguez, de 72, recuerdan jugar mayormente en la calle y en la vereda del barrio, su nieto Tobías también lo hace en la calle, pero en un barrio cerrado.

“El lugar de juego era la calle después de hacer los deberes. El barrio era todo”, dice Enrique, quien recuerda como juguetes favoritos el Cerebro Mágico y los autitos rellenos de plastilina para hacer carreras. “¿Mi mejor recuerdo? Las fiestas de Navidad y Año Nuevo junto a mi familia, los veranos en el camping del ACA y en Mar de Ajó, donde me encontraba con los mismos chicos cada año”.

“Yo recuerdo mis muñecas bebotes, el ludo, las damas, las cartas, los veranos en el club y los carnavales, que eran muy divertidos”, comenta Mónica.

Con su hijo, Guillermo Rodríguez, de 45 años, aparece la tecnología. “Los muñecos de He-Man y un juego de computadora que se llamaba Wolfenstein 3D”, recuerda.

¿Su mejor recuerdo de la infancia? “Mis vacaciones en Pinamar”, responde.

Para Tobías Rodríguez, de 9 años, algunas cosas cambiaron mucho y otras no tanto. Dice que su juguete favorito es la pelota y su juego es el Fortnite, en la Playstation. Admira a Messi y su mejor recuerdo es un viaje a Disney y Navidad.

“A pesar de todos estos cambios, hay algo que persiste en nuestro país: la necesidad de protección y el mandato de cuidado que las sociedades les debemos a los niños y niñas. Que sigamos preguntándonos cómo cuidar mejor a niños y niñas, y que su protección siga siendo considerada un asunto público legítimo es un elemento central de una sociedad que, aun en condiciones tremendas, busca pensar su futuro”, concluyó Llobet.

La pelota, las vacaciones en familia, los amigos, los ídolos. Cambian los objetos, los escenarios y las formas de jugar, pero cuando tres generaciones cuentan qué recuerdan de su infancia, aparecen una y otra vez las mismas cosas: el juego como aventura, el encuentro con otros y esos momentos compartidos que, muchos años después, terminan convirtiéndose en memoria.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/de-la-pelota-de-goma-a-los-juegos-virtuales-como-disfrutaron-su-infancia-tres-generaciones-nid16082026/

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