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El Descansito: el jardín isleño que convive con las crecidas y sudestadas del Delta

En la segunda sección del Delta, sobre el río Chaná, El Descansito ocupa dos hectáreas y media donde la naturaleza sigue marcando el pulso. Sonia Bustamante lo sabe bien. Hace más de veinticin...

En la segunda sección del Delta, sobre el río Chaná, El Descansito ocupa dos hectáreas y media donde la naturaleza sigue marcando el pulso. Sonia Bustamante lo sabe bien. Hace más de veinticinco años que vuelve una y otra vez a las islas y, con el tiempo, entendió que este paisaje no admite el control absoluto: “Podés amarlo o podés odiarlo”, resume. Porque aquí el jardín alcanza su máximo esplendor y, de un día para otro, una sudestada puede cubrirlo de agua y barro, como si la historia empezara nuevamente desde cero.

Lejos de desalentarla, esa condición la convirtió en una observadora paciente. Aprendió cuáles son las especies capaces de resistir las inundaciones y todavía se maravilla con la velocidad con la que la vegetación recupera el terreno perdido. En el Delta, la naturaleza siempre tiene la última palabra.

El trabajo comenzó entendiendo la geografía del lugar. Las islas son altas en sus bordes y descienden hacia un centro que naturalmente acumula agua. Con una retroexcavadora modelaron el terreno: enterraron antiguos tocones, extrajeron tierra para elevar las zonas bajas y, casi como una consecuencia inevitable, nació un lago que hoy refleja el cielo y atrae vida.

Entre los descubrimientos más inesperados aparecieron inmensos cañaverales. Altos, densos y ondulantes, forman corredores verdes que invitan a perderse por un instante y convierten cada recorrido en una pequeña aventura.

Con el tiempo llegaron también los frutales y una huerta que abastece la mesa durante gran parte del año. Todo funciona como un pequeño ecosistema: el guano del gallinero nutre la tierra, mientras patos, gansos y gallinas recorren el predio con total libertad, aprovechan el lago, buscan insectos entre el pasto y aportan movimiento constante a un paisaje que nunca permanece quieto.

Pero si hubiera que elegir un rincón donde el tiempo parece detenerse, ese sería el quincho. Abierto al verde y siempre fresco durante el verano, es el lugar desde donde Sonia disfruta el espectáculo cotidiano del Delta: el agua que cambia de color con la luz, el rumor del viento entre los cañaverales y la certeza de que, en este paisaje, la belleza nunca es definitiva. Tal vez sea justamente esa fragilidad la que la vuelve inolvidable.

Sonia Bustamante tiene la casa de decoración 7-27 Home Collection, en el Mercado de Maschwitz. Allí pueden encontrarse muchas de las esculturas, objetos y muebles de alambre que ella misma realiza y que también pueblan su jardín isleño.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-jardin/el-descansito-el-jardin-isleno-que-convive-con-las-crecidas-y-sudestadas-del-delta-nid04112026/

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