El rugby que se parece a una danza: esa atracción que llena las tribunas, cuando la emoción se transforma en liberación
Si les sacamos la pelota podrían ser tipos bailando en una cancha, pensé mientras miraba un partido de Banco Nación de los años ´80. Aguja Gómez, ese medio scrum imposible de agarrar, habilid...
Si les sacamos la pelota podrían ser tipos bailando en una cancha, pensé mientras miraba un partido de Banco Nación de los años ´80. Aguja Gómez, ese medio scrum imposible de agarrar, habilidoso, que engañaba con sus gambetas a rivales, parecía el protagonista de un cuerpo de danza. Su nombre podía ser tranquilamente un seudónimo artístico.
Tengo la sospecha de que lo más interesante del juego es que se parece a una danza. El ritmo y los movimientos libres son finalmente lo que llena tribunas para ver un partido de rugby.
En Francia también tienen esa sospecha, y Jerome Daret, entrenador de la selección de seven masculino de su país, con argumentos basados en la neurociencia decidió contratar a Laure Bontaz, bailarina de Dance Hall y coreógrafa, para enseñarles a los jugadores el arte del ritmo a través de ejercicios coordinativos.
En el 2020 Jerome Daret, en búsqueda por innovar con nuevas prácticas para sus jugadores, dio con Bontaz. “Quería romper la rutina competitiva, fortalecer el cerebro tanto como el cuerpo, crear burbujas de energía positiva”, dice Laure. “Cuando me pidió que trabajara con él entendí que mi papel sería traducir esa idea en movimiento”
Vas a bailarErnesto Giudice, capitán de Dogos XV, franquicia del Super Rugby Américas, se acerca a mitad de cancha antes del comienzo del partido frente a Yacaré XV. Lleva en sus manos una remera que podría usar más de un millón de personas en Argentina. Estampada en esa remera negra está la cara del Indio Solari, cantante argentino, poeta y autor de himnos con los Redonditos de Ricota. La muerte del ídolo popular en las primeras horas del 5 de julio de 2026 afectó a toda la cultura, incluyendo a la del deporte.
El gesto tiene sentido. Los Redondos son la música de la celebración, del juego, del ritual. Tres sustantivos que maridan con el rugby.
No hace mucho, en aquellos años felices veíamos a los Jaguares jugando el Súper Rugby contra equipos de primer nivel de Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda. El equipo generó una mística propia. Algo difícil por no tener una historia en común que atraiga a los hinchas. Lo que tenía era la promesa de buen rugby con los mejores jugadores del país. Cada partido se transformó, victoria a victoria, en una celebración, en una misa del rugby argentino.
Las entradas en calor de aquél equipo, en pleno césped del Amalfitani, permitían a la gente ir alentando a los jugadores. Cada jugador tenía un momento de entrada en calor individual, como una forma de conexión con el juego desde un momento privado. Ese momento estaba musicalizado y también cada try que marcaba el equipo. Siempre era con el mismo tema: El Indio Solari cantando que iba corriendo a la deriva en el estribillo de “Jijiji” funcionaba como una especie de mantra para ese equipo.
El pogo más grandeEl origen de la danza se remonta a la prehistoria del ser humano. Fue una de las primeras formas de comunicación y expresión mucho antes del desarrollo del lenguaje hablado. Servía como celebración de la caza, de preparación para la batalla, de celebración de un triunfo. También era una forma de marcar hitos como un nacimiento, un casamiento y una muerte.
La danza dejó de ser un acto netamente intuitivo para cargarse de un fuerte simbolismo cultural. Movernos como forma de expresión es una necesidad básica imposible de separar del ser humano, aunque en distintos momentos de la historia haya habido intentos de prohibir el baile.
El deporte y la danza son primos hermanos. Vienen de una necesidad de expresar algo animal y a la vez muy humano. Funcionan como puente entre esas dos partes que nos habitan. Son también elementos de descarga, válvulas de escape. Posibilidades de transformar la emoción en liberación.
En esos términos, el pogo más grande del mundo, ese que pedía el Indio Solari en los recitales, es muy parecido a un relanzamiento de juego donde los forwards intentan ganar metros al adversario.
Esa estrella era mi lujoDurante tres años, Bontaz estuvo trabajando con la selección de seven francés. Eran sesiones de danza donde los jugadores trabajaban sobre la sincronización, la coordinación y los cambios de ritmo, buscando mejorar en el juego. ¿Cuál es la transferencia al rugby?, se preguntarán. Simplemente la noción del ritmo y la coordinación, algo extremadamente difícil en un grupo, y más aún en deportistas acostumbrados a otro tipo de movimientos, más bruscos.
En redes sociales se empezaron a colar videos sobre ellos.
“No es necesariamente sólo diversión, tiene un lado muy lúdico y divertido, pero trabajamos cosas muy específicas bailando y cantando”, explicaba Laure Bontaz.
En 2024, Francia , con Antoine Dupont, la estrella de la selección nacional de 15 jugadores y campeón del Seis Naciones, ganó la medalla dorada de los Juegos Olímpicos organizados en París. El festejo del equipo estuvo lejos de estar a la altura de una competencia de baile, pero no tanto. Sí estuvo a la altura de un juego dinámico, vistoso y elegante como es el rugby de siete jugadores. Después de ganarle a Fiji, otro equipo que representa al deporte y la danza, por 28 a 7, los jugadores dieron un último show. En los parlantes sonaba “Miami”, de Will Smith y el plantel campeón olímpico celebró, no con un pogo, sino con una danza coordinada.
El festejo de Francia en París 2024El bailarín disfrazado de deportista es un arquetipo moderno. Una especie de héroe que representa a muchos aficionados del deporte. Pueden haber ganado títulos. Aguja Gómez ganó un par de campeonatos con Banco Nación y un partido histórico contra el seleccionado de Inglaterra en 1990, se destaca en su biografía deportiva. No es, y creo que con justicia, la memoria de sus momentos en el podio lo que queda en la memoria.