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Final del juego

La pasión se renueva. Cada cuatro años. A pesar (o raíz) de los cambios. De que el negocio le gane al deporte. Aparecen nuevos fanáticos. Hasta algunos a los que no les interesa el fútbol. Aun...

La pasión se renueva. Cada cuatro años. A pesar (o raíz) de los cambios. De que el negocio le gane al deporte. Aparecen nuevos fanáticos. Hasta algunos a los que no les interesa el fútbol. Aunque el Mundial 2026 tenga 48 equipos y 104 partidos. Demasiados entre selecciones de países sin tradición, calidad, ni cercanía. Pero parece ya no haber partidos irrelevantes. Sobre todo, entre adolescentes. Capaces de adoptar nacionalidades de las que casi nada sabían hasta que empezó a rodar la pelota. Capaces de alegrarse o amargarse con resultados de la frase de grupos como si fuera un partido decisivo para la albiceleste.

No es la globalización ni la hiperinformación la fuente de estos fanatismos sucesivos y, aparentemente, inexplicables. No es pasión inocente. Ni simpatías ocasionales por los más débiles o los adversarios de nuestros rivales históricos. El grito de gol o el insulto al aire se deben a otra cosa. Cada vez más frecuente. Y preocupante. Son las omnipresentes apuestas. Legales, clandestinas y hasta con fines nobles. Causa de alegrías efímeras, frustraciones duraderas y hasta deudas impagables. Mientras tanto, casi toda la dirigencia política y deportiva las promueve, aunque contaminen todo. Como un vicio destructivo. Hasta el final. Del juego. Y algo más.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/final-del-juego-nid17062026/

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