Fue una de las protagonistas de la última edición de Chiquititas, pero eligió huir del éxito masivo y refugiarse en la dramaturgia
Hay rostros que no se olvidan, sobre todo cuando formaron parte de una etapa tan especial como la infancia. Para millones de personas, esos años estuvieron marcados por ...
Hay rostros que no se olvidan, sobre todo cuando formaron parte de una etapa tan especial como la infancia. Para millones de personas, esos años estuvieron marcados por Chiquititas, el fenómeno cultural que interpeló a varias generaciones. Su última temporada, Chiquititas sin fin (Telefe), permanece en el recuerdo vivo de sus fanáticos. En aquel grupo de niños y adolescentes que, entre magia, música y esperanza, buscaban un futuro mejor en un orfanato, se encontraba Nicole Popper. Con apenas diez años, la pequeña interpretaba a Paula Ramírez, la hermana de Nicolás ‘Tábano’ (Peter Lanzani). Aunque tocaba el cielo con las manos en lo profesional, aquella exposición le resultaba incómoda, sobre todo hoy, cuando analiza su historia desde su lugar como autora y directora.
“No me arrepiento, lo disfruté. Fue muy exigido también y me dejó la experiencia de entender que a veces uno proyecta un sueño sin saber el detrás de escena, que conlleva un montón de sacrificio. En su momento la pasé bárbaro y siempre pienso que lo volvería a hacer, obvio; pero artísticamente hoy me convoca otro tipo de material”, reflexionó en diálogo con LA NACION.
Nicole está igual que desde que supo brillar en la tira de Cris Morena. Pero hoy, a sus 30 años, analiza ciertos aspectos de su profesión desde otro lugar. Mientras muchos de sus compañeros de elenco seguían el camino lineal de la fama televisiva, ella sintió que la exposición masiva —esa experiencia “loca” de ser abordada en la calle a los diez años— no iba con ella. “Para estar en ese nivel de proyecto hay que tener como un hambre específico de cierta exposición que, medio intuitivamente, me fue corriendo de eso”, explicó.
Con “30 años de vida pero 20 de aportes” en el medio —como ella misma bromea—, Nicole decidió que su camino estaría marcado por la formación y la dirección. Estudió en la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y a los 19 años ya estaba al mando de su primera obra. Hoy, con cuatro piezas dirigidas en su haber, encontró en el teatro un refugio vital: “Es el único lugar hoy en día en donde nos refugiamos de las pantallas y compartimos un tiempo de coexistencia con el otro”.
En ese sentido, habló de la experiencia teatral, la cual dista de la inmediatez y juega con la adrenalina de estar frente a frente con su público. “No es mi objetivo que alguien se aburra, pero si pasa, la experiencia del teatro es esa. Es otro tiempo, es otra coexistencia y es otro riesgo también que está pasando en vivo y para mí eso es como una energía con una potencia que no se compara con nada”, indicó.
Esa mirada crítica sobre el mundo digital se traduce hoy en Max Garita, su gran apuesta actual que reestrena el lunes 3 de agosto. Escrita en el aislamiento de la pandemia, la obra se aleja de la “huella de ternura” de sus trabajos anteriores para sumergirse en una propuesta oscura e incómoda. A través de la metáfora de una garita de vigilancia, Nicole reflexiona sobre la alienación laboral y la “lógica expulsiva” de los algoritmos que nos desensibilizan.
“La obra habla también de esta lógica expulsiva que tiene el algoritmo, esto de que ‘solo entra a mi campo de percepción lo que yo ya sé y pienso’. Y lo hace desde la metáfora de la garita, como que es la propia cabeza, la frontera entre lo que entra y lo que no”, puntualizó.
La pieza tiene a Max como protagonista. Él, precisamente, es el cuidador de aquella garita. “Hay algo también que en la obra empieza a pasar: es que un poco en esa soledad de las madrugadas, empieza a tratar de conversar con la radio, con la tele, con un grabador, como que trata de salirse de sí mismo, pero un poco la hipótesis es que si no salís de tu garita, no podés ver más allá y se te vuelve en contra”, señaló.
Protagonizada por Camilo Polotto Javkin y Lautaro Noriega, tuvo su estreno en la 8.ª edición del Festival Callejón, formó parte del ciclo Lado B de Fundación Cazadores y se presentará durante todos los lunes de agosto en el Teatro El Grito, ubicado en Costa Rica 5459, Palermo.
De la magia de la TV a la búsqueda propiaAunque la pantalla chica la popularizó a los diez años, la relación de Nicole con el arte había comenzado un tiempo antes. Su primer acercamiento a las tablas fue a los ocho, a través de la comedia musical. Aunque su papá trabajaba en el sector industrial y su mamá era docente, ambos no dudaron en alentarla. “Nadie se había dedicado a esto en mi familia, pero el deseo estaba y siempre tuve luz verde. Mis viejos tenían esa pasión”, recordó.
Ese impulso familiar la llevó a transitar un camino poco habitual para una niña de su edad. Antes de desembarcar en la televisión, participó en dos obras teatrales, entre ellas Derechos torcidos, de Hugo Midón. Fue justamente durante esa experiencia donde consiguió su primera representación artística y, poco después, la oportunidad de afrontar el multitudinario proceso de casting que la llevaría a la pantalla de Telefe.
“Lo que me pasó fue bastante excepcional. Entiendo que mi historia no es la común: estar en un lugar así de tan chica y que se te arme la carrera tan rápido”, reflexionó. Sin embargo, tras el furor de la tira, su decisión no fue abandonar el arte, sino tomar distancia de la inercia propia de la industria. “No fue tanto que dejé la actuación, sino que no seguí la bola de lo que venía. Con los años me pregunté qué había pasado ahí, sobre todo al ver que quienes estaban al lado mío tuvieron carreras muy visibles”, aseguró.
Y continuó: “Me acuerdo que yo pensaba, ‘Quiero actuar’ y yo escuchaba a las nenas que decían ‘Yo quiero ser famosa’“.
Después de Chiquititas, Nicole participó de Televisión por la identidad (2007), la miniserie argentina emitida por Telefe, basada en hechos reales sobre la apropiación de niños y la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo. Luego, se presentó a varios castings; sin embargo, la mayoría estaban relacionados con proyectos infanto-juveniles. “Yo quería otro tipo de cosas”, reveló.
Mientras se prepara para debutar con Max Garita, también ensaya una obra que escribió y la que seguro verá la luz el próximo año. ¿Volvería a la pantalla? Nicole estaría interesada según el proyecto que se le presente. “No me cierro a nada. Laburé muchos años en oficinas, en trabajos que nada que ver, mientras hacía los proyectos artísticos como se podía”, reconoció. Hoy, afirmada en la dramaturgia y la dirección, demuestra que alejarse del murmullo comercial fue el movimiento necesario para encontrar su propia identidad.