La historia del laboratorio que nació de un viaje a Europa, tardó 15 años en concretarse y por sus salas pasaron dos premios Nobel
Cuando apareció el primer caso de gripe A en la Argentina, en 2009, las muestras llegaron al Malbrán. Cuando el hantavirus comenzó a despertar preocupación en distintas provincias, las confirma...
Cuando apareció el primer caso de gripe A en la Argentina, en 2009, las muestras llegaron al Malbrán. Cuando el hantavirus comenzó a despertar preocupación en distintas provincias, las confirmaciones pasaron por sus laboratorios. Y cuando el Covid-19 paralizó al mundo, buena parte de la vigilancia del virus, la identificación de variantes y el monitoreo epidemiológico tuvieron como uno de sus protagonistas a la institución situada en la zona sur de la ciudad, en el barrio de Barracas.
Para la mayoría de los argentinos, el Malbrán suele hacerse visible solo durante las emergencias sanitarias. Sin embargo, detrás de cada brote, de cada diagnóstico complejo y de gran parte de la vigilancia microbiológica del país existe una tarea cotidiana que lleva más de un siglo.
Este 10 de julio, la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (Anlis) Doctor Carlos Malbrán cumple 110 años. La historia comenzó mucho antes de que el complejo abriera sus puertas. A fines del siglo XIX, cuando las enfermedades infecciosas representaban una de las mayores amenazas para la población, el médico Carlos Gregorio Malbrán impulsó la creación de un centro dedicado al estudio de microorganismos y a la producción nacional de vacunas y sueros.
La iniciativa tomó forma después de un viaje a Europa, donde estudió los avances más recientes en microbiología y en el tratamiento de enfermedades infecciosas. En 1901 comenzó a impulsar la creación de un instituto de bacteriología y, tras años de planificación y obras, el 10 de julio de 1916 fue inaugurado el Instituto de Bacteriología, Química y Conservatorio de Vacuna Antivariólica, considerado el origen de la actual institución.
La Argentina de principios del siglo XX todavía convivía con las secuelas de epidemias que habían dejado una marca profunda en las ciudades y en las políticas públicas. La necesidad de contar con capacidades propias para producir vacunas, realizar diagnósticos y estudiar enfermedades infecciosas se había convertido en una prioridad.
Con el paso de las décadas, el organismo creció, cambió de nombre y amplió sus funciones. En 1963 adoptó la denominación Instituto Nacional de Microbiología Doctor Carlos Malbrán y, en 1996, la creación de la Anlis unificó bajo una misma estructura institutos, centros nacionales y unidades especializadas.
Por sus laboratorios pasaron algunas de las figuras más destacadas de la ciencia argentina, entre ellas los premios Nobel Bernardo Houssay y César Milstein.
A lo largo de su historia, el Malbrán participó en el estudio y seguimiento de algunas de las enfermedades que más impactaron en la salud pública nacional. Desde los brotes de cólera y dengue hasta el hantavirus, se convirtió en una referencia para detectar, identificar y monitorear agentes infecciosos.
Uno de los momentos más intensos llegó en 2009, durante la pandemia de gripe A. El instituto debió reorganizar buena parte de su funcionamiento para enfrentar una demanda inédita. Sus equipos confirmaron los primeros casos y llegaron a recibir hasta 1200 muestras en una sola jornada. En aquellos meses se puso en marcha un laboratorio de alta seguridad biológica que hasta entonces prácticamente no había sido utilizado.
Más de una década después, la pandemia de Covid-19 volvió a colocarlo en el centro de la escena. Sus especialistas participaron en el diagnóstico de muestras, la vigilancia genómica y el seguimiento de variantes del coronavirus, tareas que ocuparon un lugar central durante los momentos más críticos de la emergencia sanitaria que se extendió más de un año.
“Cumplir 110 años representa el legado de generaciones de científicos, profesionales y trabajadores que hicieron del Malbrán una de las instituciones científicas más importantes de la Argentina y de referencia para toda la región”, afirmó ante la consulta de LA NACION la directora de la Anlis Malbrán, Claudia Perandones.
“Ese legado nos compromete a seguir desarrollando capacidades estratégicas para responder a los desafíos del presente y del futuro, fortaleciendo la investigación, la innovación, el diagnóstico de referencia, la vigilancia epidemiológica y la formación de recursos humanos, con una mirada federal y al servicio de toda la población”, agregó.
Más que pandemiasPero el Malbrán actual va mucho más allá de la respuesta frente a epidemias. Hoy coordina 31 redes nacionales, 24 coordinaciones jurisdiccionales y más de 1400 instituciones distribuidas en todo el país. A través de sus institutos realiza más de 200.000 análisis de laboratorio por año y mantiene programas de vigilancia vinculados con influenza, sarampión, rubéola, poliovirus, tuberculosis, hantavirus, HPV y resistencia antimicrobiana, entre otras amenazas sanitarias.
También conserva capacidades de producción únicas. Entre ellas se encuentra Candid #1, la única vacuna disponible para prevenir la Fiebre Hemorrágica Argentina. Además produce distintos tipos de sueros antiofídicos, antiaracnídicos y antiescorpiónicos utilizados en todo el país.
En los últimos años incorporó nuevas herramientas tecnológicas, desde plataformas de genómica y bioinformática hasta sistemas de inteligencia artificial aplicados a la identificación de microorganismos. Entre sus desarrollos figura además el primer laboratorio de Bioseguridad Nivel 4 para salud humana de América Latina, destinado al trabajo con agentes biológicos de máxima peligrosidad.
Entre otras innovaciones recientes también desarrolló MALDI-Bot, un asistente virtual de libre acceso diseñado para ayudar en la interpretación de resultados obtenidos mediante espectrometría de masas en tiempo real y herramientas para la identificación rápida de patógenos.