Letras robadas: Paul Rudd y Nick Jonas se lucen en un film divertido y emotivo, con la música como coprotagonista
Letras robadas (Power Ballad, Irlanda-EE.UU / 2026). Dirección: John Carney. Guion: John Carney, Peter McDonald. Fotografía: Yaron Orbach. Edición: Stephen O’Connell. Elenco: Paul Rudd, Nick J...
Letras robadas (Power Ballad, Irlanda-EE.UU / 2026). Dirección: John Carney. Guion: John Carney, Peter McDonald. Fotografía: Yaron Orbach. Edición: Stephen O’Connell. Elenco: Paul Rudd, Nick Jonas, Peter McDonald, Beth Fallon, Marcella Plunkett. Calificación: SP (supervisión parental sugerida). Distribuidora: Diamond Films. Duración: 98 minutos. Nuestra opinión: Muy buena.
“¿Puede una canción de amor salvar tu vida?”, preguntaba el discutible título local de la película de John Carney, protagonizada por Keira Knightley y Mark Ruffalo. Tal vez no era la mejor opción para bautizar al film, que en inglés se llama Begin Again (Empezar de nuevo), pero está claro que esa pregunta resuena en toda la obra del director irlandés. Y, en especial, en Letras robadas, su última película.
Desde Once, que lo estableció en la escena internacional, Carney dedicó su películas a hablar sobre el poder que ejerce la música en la vida y, sobre todo, en el amor. De una manera u otra, los amables pero perdidos personajes creados por el guionista y director encuentran en un puñado de canciones su razón de ser y la posibilidad de conectarse con otras personas.
4 stars
El concepto de poder está en el título del nuevo film, aunque aplicado a un tipo particular de canción, popular en los 80, la power ballad, esos lentos con una combinación musical que estimulan la emoción e invitan a creer que todo es posible.
Esas mismas cualidades tiene la canción compuesta por Rick (Paul Rudd), un cantante de una banda de bodas, con un pasado de sueños de estrella de rock, que nunca se cumplieron. Una trasnoche de zapada con Danny Wilson (Nick Jonas), un exmiembro de una famosa boy band, que aun no consiguió establecerse como solista, deriva en un conflicto por la autoría de un éxito capaz de cambiar la vida de los protagonistas.
Lo que está en juego es lo que significa para cada uno de ellos esa canción y tanto la comedia como la emoción del film nacen de la relación que estos dos artistas, de distintas generaciones y con experiencias diferentes, establecen con un tema musical que habla de amor (no necesariamente romántico).
Las relaciones familiares, las románticas, los sueños rotos y la esperanza que no cede, son parte del entramado de esta historia, que tiene mucho humor pero también es profundamente sentimental. Esa es una característica propia del cine de Carney, que puede expulsar a parte del público, aunque es necesario aclarar que el director se mantiene en una línea que se acerca peligrosamente a la cursilería, sin cruzarla.
Para lograr este difícil acto de equilibrismo, el director cuenta con as en la manga: Rudd, un actor perfecto para generar emoción genuina y caminar en la cuerda floja entre lo cómico y lo sentimental. El carisma arrollador de Rudd es esencial para la pintura de este personaje que, en vez de dejar sus sueños atrás, los adaptó a una realidad que ama tanto como a sus fantasías de rock star.
Jonas está a tono como la figura contrapuesta, alguien desesperado por asegurarse de que la fama conseguida, y todo lo que esta conlleva, no desaparezca. Su pasado de ídolo adolescente, junto a sus hermanos como estrella de Disney y miembro de la banda Jonas Brothers, debe haberlo ayudado a entender a su personaje y componerlo de una forma que se siente muy real.
La presencia encantadora de Rudd, la sorprendente solvencia de Jonas y la simpatía de un elenco de actores irlandeses que componen al círculo del protagonista, en especial, el co-guionista Peter McDonald como el amigo fiel, hacen de Letras robadas una de esas películas que aportan un rato de felicidad.
Si le faltaba algo para completarlo, ahí está la música, ocupando un lugar central. Una canción tal vez no pueda salvar vidas, pero cuando se trata de una como “I Wish”, el inoxidable tema de Stevie Wonder que los protagonistas cantan juntos en un casamiento, puede llegar a convencernos de que es posible.