Mundial
Cuando hoy, a las 14.30 (hora argentina), comience la ceremonia inaugural del Mundial de Fútbol en el Estadio Azteca, de la ciudad de México (habrá otras dos en Toronto mañana, a las 14.30 y en...
Cuando hoy, a las 14.30 (hora argentina), comience la ceremonia inaugural del Mundial de Fútbol en el Estadio Azteca, de la ciudad de México (habrá otras dos en Toronto mañana, a las 14.30 y en Los Ángeles, a las 20.30), se pondrá, una vez más, en marcha la mayor maquinaria de sublimación planetaria de la guerra. Pero en vez de balas habrá goles. En vez de gritos y lágrimas de dolor, los habrá de alegría, aunque también de aflicción para los que les toque perder.
Serán 48 países que se enfrentarán a lo largo de 39 intensos días, pero no habrá bombardeos, poblaciones diezmadas ni edificios destruidos. No al menos dentro de los estadios.
La metáfora perfecta es que dos ejércitos de once hombres cada uno se enfrentarán para defender sus colores patrios en un campo de juego tras cantar sus himnos.
La copa ecuménica de la FIFA enseña varias cosas: la bulliciosa convivencia entre hinchadas provenientes de distintas latitudes; nos refresca, o nos enseña, los colores de las banderas y de las camisetas de los distintos países que participan del torneo. Y lo más importante: nos recuerda que hay reglas que cumplir, que pegar está mal y que el buen comportamiento es parte esencial del talento humano.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/mundial-nid11062026/