¿Quién es María Belgrano, la sobrina nieta del creador de la bandera?
Este sábado a las 20, en Zona Futuro en el Pabellón Amarillo, se presenta en la Feria del Libro la antología Los rotos. 18 fábulas desde el infierno libertario (Factotum Ediciones, $ 25.000), c...
Este sábado a las 20, en Zona Futuro en el Pabellón Amarillo, se presenta en la Feria del Libro la antología Los rotos. 18 fábulas desde el infierno libertario (Factotum Ediciones, $ 25.000), con la presencia de sus autores, entre otros, Federico Jeanmarie, Julia Coria, Daniela Ema Aguinsky, Emmanuel Lorenzo, Luis Mey, Haidu Kowski, Matías de Rioja, Debret Viana, Ariel Toledo y, también, María Belgrano (1979), sobrina en sexta generación del padre de la patria Manuel Belgrano. “Detrás de su nombre y de la creación de la bandera resulta que había un proyecto de país”, dice la autora en diálogo con LA NACION. Su tío es el escritor Eduardo Belgrano Rawson (Club Cinco acaba de reeditar Fuegia).
Recientemente, Belgrano publicó su primer libro, Cuando te fuiste alquilé un traje de astronauta deportivo (Limbo, $ 20.000) que reúne poemas, aguafuertes puntanas y crónicas que escribió entre 2015 y 2025, en los que episodios personales, escenas y atmósferas se iluminan con humor y melancolía: “Desde que me interesé en amarte / empecé a ver mal lo que veía / el oculista hizo lo que se dice un buen trabajo / días quitando con pinza minúsculos veleritos”. También reconstruye la historia familiar (su padre estuvo detenido durante la dictadura y fue compañero de celda del escritor Antonio Di Benedetto) y su vida en San Luis. El libro ya va por la tercera reimpresión.
“Fue una experiencia hermosa porque se fue dando por una serie de encuentros entre mis ganas, la maduración de algunos textos y el tiempo que podía destinar a encarar un libro -dice Belgrano a LA NACION-. Escribo desde muy chica, pero la idea de publicar no siempre estuvo presente. Empecé a trabajar mis textos con Osvaldo Bossi, primero en sus talleres, después en clínica. Luego de muchos años de hacer libros como editora, me di el tiempo interno y físico y esto se unió con la propuesta de Ariel Bermani que arrancaba con Limbo, y también fue un quiebre con mi profesión, dejar que otros hagan el trabajo de editor, pensar un libro con otros”. Actualmente, se desempeña como editora de libros para chicos en el sello Abremente de Catapulta.
-¿Todos los poemas parten de tu experiencia personal?
-No estoy segura de que todos hayan partido de mi experiencia personal, pero sí parten de una noción que se me impuso en este proceso, que fue tratar de ver que los duelos o las despedidas se atravesaban en continuo movimiento y que no son para siempre, que son una etapa, donde uno se pone una máscara, “un traje de astronauta deportivo”, porque el desamor si se atraviesa con ropa cómoda es mejor. Descubrí que el libro no era solo sobre el desamor, también el personaje descubre que no está solo y que a los demás también les pasan cosas. Descubrí que el libro se trataba de la muerte de alguien, de las despedidas, de la distancia, de las personas que amamos y que van perdiendo la memoria. Y la idea de que en duelo somos un poco ridículos también está, descubrí esto y me divertí mucho escribiendo.
-¿Cómo esperás que sean leídos tus poemas y prosas?
-Me gustaría que me leyeran en claves nuevas porque lo que importa no es mi vida, lo que importa es si hay corazón o no en esos textos; si hay, significa que hubo potencia en la escritura y si por casualidad toca alguna fibra mejor, mucho mejor, porque en definitiva la lectura es conectiva, pero qué conexiones genera es totalmente misterioso.
-¿En qué medida influye la infancia en San Luis en tu escritura?
-Es el germen de mi escritura, aunque no hable de ella continuamente. Sobre todo, la hora de la siesta en la que los adultos se retiraban. La siesta era nuestra y ahí, además de jugar o aburrirnos, empecé a leer con cierta voracidad porque había descubierto, viendo al Increíble Hulk en el cine, que se podía contar casi cualquier cosa si alguien se lo creía. Con esa premisa empecé a leer la Biblia ilustrada para niños y a imaginar que yo también podía escribir un día algo. Si existía Hulk y existían historias bíblicas, podía existir cualquier tipo de historia; así me fui animando. Me vine sola de San Luis a Buenos Aires para estudiar Filosofía y luego descubrí la edición y el trabajo editorial. Tuve la suerte de empezar muy joven en editorial Atlántida que me dio una escuela increíble no solo para hacer libros sino también para tratar con autores, que a veces considero todo un arte, como se suele ver en la películas.
-¿Cuál es tu relación con Manuel Belgrano y tiene un sentido especial ser descendeinte de uno de los padres de la patria?
-Soy sobrina en sexta generación de Manuel Belgrano. Para mí el sentido es especial, pero fue cambiando a medida que fui conociendo su vida y sobre todo sus convicciones. Detrás de su nombre y de la creación de la bandera resulta que había un proyecto de país. Recuerdo cómo me impactó su proyecto de gobierno incaico, sus ideas acerca de la educación para las mujeres, la importancia que dio a la construcción de las escuelas, el dinero que donó para esto y, las vueltas de la historia, ¿no?, que murió en absoluta pobreza. Nosotros venimos de la familia de Domingo José Estanislao Belgrano, uno de los hermanos de Manuel, conocido no solo por ser clérigo de la Catedral de Buenos Aires, sino además por su participación activa durante las invasiones inglesas y por ser muy confidente de Manuel: fue su albacea y lo acompañó en su lecho de muerte. Me gusta también recordar la figura de Joaquín Mariano Belgrano, mi tatarabuelo, si bien era uruguayo, al revalidar su título en el país, se convirtió en uno de los primeros siete arquitectos en la Argentina, fundador de la primera Escuela de Arquitectura inspirada en la École de Beaux Arts de París, de donde venía de formarse. Fue uno de los arquitectos consultores de Carlos Pellegrini para explicar los planos y elegir el mejor proyecto para la construcción del edificio del Congreso de la Nación. Y fue autor del proyecto de terminación de la Casa Rosada, del Palacio Belgrano Otamendi y del edificio del Museo de San Fernando. Casado con Josefina Rawson, hija de Guillermo Rawson, tuvieron siete hijos. De allí viene el apellido de mi abuela paterna María Julia Belgrano Rawson y de mi querido tío el escritor Eduardo Belgrano Rawson.
-¿Tu padre fue preso político y conoció a Antonio Di Benedetto?
-Julio Lucero Belgrano, mi padre, fue un referente de la Juventud Peronista en San Luis y estuvo preso primero en la provincia y luego en la Unidad 9 de La Plata; allí compartió celda más de un año con Antonio Di Benedetto. Luego salió en libertad vigilada y volvió a San Luis, donde vive actualmente, y Di Benedetto se exilió a España como es sabido, volvió al país en democracia y luego falleció. Nunca volvieron a verse. El año pasado terminé una novela sobre estas circunstancias. Esa anécdota en la vida familiar marcó mi escritura, primero porque mi padre nos fue relatando siempre todo con detalles, pero en este caso para mí era “el Antonio”, el amigo de mi papá en La Plata. Luego, mucho después, fui descubriendo que era el escritor de Los suicidas y El silenciero que estaban en la biblioteca de mi casa. De muy chica empecé a leer la literatura de Di Benedetto intentando descubrir quién era esa persona que vivió cosas tan duras con mi papá. Me encontré con un escritor inmenso.
-¿Por qué decidiste incluir prosas y poemas en el libro y cuánto le debe la prosa a tu poesía y viceversa?
-Creo que no me lo había preguntado, pero diría que no se deben porque siempre escribí sin pensar qué género estaba por escribir. Hay cosas que no podrían decirse de otra forma más que de la forma que salieron y esa es la potencia tal vez de lo que llamamos “la voz” y que la poesía es en tanto forma y contenido, cosa que me gusta extender cuando pensamos en literatura. Prosa y poesía es un tema que nos gusta muchísimo conversar con Federico Jeanmaire, mi pareja, cómo la poesía puede irrumpir en una línea o en toda una página de narrativa o incluso meterse en toda una novela, o cómo la narrativa irrumpe también en la poesía y nos encontramos contando una historia a través de un poema. Me gusta pensar que el sentido de lo literario es un sentido siempre poético.
-¿Qué publican en Mundo Agüero?
-Es un sello independiente que publica solo la obra del poeta puntano Antonio Esteban Agüero hace ya casi una década. Con su hija Teresita nos propusimos difundir la obra que estuvo bastante quieta durante años por temas de derechos. Publicamos Regreso al canto, una antología que reúne poemas inéditos y poemas muy conocidos como “Digo la mazamorra” o “Yo presidente”, una elegía preciosa que como dato curioso, está grabada en una placa de bronce en la Casa Rosada. Recuerdo que apenas salió el libro, María Teresa Andruetto hizo una reseña sobre el poder de evocación de Agüero, esos poetas que, como Miguel de Unamuno, nombran el mundo que los rodea de manera implacable y uno puede ver ese mundo en un poema. Agüero es uno de esos poetas que te marcan para siempre, es como Juan L. Ortiz en Entre Ríos o Leónidas Escudero en San Juan. Es primo del poeta Alejandro Nicotra quien fue un estudioso de la obra agüeriana.
-¿Estás preparando un nuevo libro y qué les aconsejarías a los poetas que quieren publicar su primer libro?
-Tengo tres libros muy diferentes terminados: una novela, unos ensayos y otro de poemas. Actualmente estoy trabajando en una nueva novela a la que dedico la mayor parte de mi tiempo. No me gusta mucho aconsejar, pero les diría que primero se pregunten si es el momento de publicar o de escribir; diferenciar esos momentos ayuda mucho a que la salida de un libro tenga todo de vos.
Para agendarMaría Belgrano participará de una charla con la escritora Cecilia Romana y el escritor Carlos Fuchs el 9 de mayo, a las 18, en el stand 1803 del Pabellón Amarillo, coordinada por el editor y escritor Ariel Bermani.