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Un testigo indomable de los males del siglo

Si la muerte no lo hubiese alcanzado hace un año, el 4 de septiembre de 2025, Robert Jay Lifton tendría hoy un siglo de vida. Murió a los 99 años, tras haber dedicado siete décadas al estudio ...

Si la muerte no lo hubiese alcanzado hace un año, el 4 de septiembre de 2025, Robert Jay Lifton tendría hoy un siglo de vida. Murió a los 99 años, tras haber dedicado siete décadas al estudio de los efectos devastadores que el mal y las guerras provocan no solo en los cuerpos, los espacios físicos y las geografías que destruyen, sino también, y especialmente, en las mentes y en las almas de los sobrevivientes y de los testigos. Era médico, y se definía como “testigo profesional” y oyente empático de los males que aquejan al mundo. Lúcido y combativo hasta el último día de su vida (dio una entrevista imperdible dos semanas antes de fallecer), Lifton fue un empedernido luchador contra las guerras, contra los gobiernos y los líderes autoritarios, contra los responsables del cambio climático y contra todas las formas de injusticia y desigualdad.

“Con Trump, claramente, la normalización del mal se convierte en la regla, porque él es presidente y lo que hace un presidente tiende a normalizar comportamientos potencialmente malos, malvados o destructivos”, dijo

Desde 1966, y durante 50 años, encabezó un grupo de intelectuales de diversas disciplinas, conocido como Grupo de Psicohistoria de la Flota de Well, que se reunía en su casa de Ocean View Drive, en Wellfleet, Massachusetts, y contaba entre sus integrantes a celebridades como Erik Erikson, Margaret Mead, David Riesman, Daniel Ellsberg, Margaret Brenman-Gibson y Norman Mailer, entre otros. Investigaban cómo el cruce entre la psicología y la política influía en la marcha de la historia. Sobreviviente de ese grupo, y de tantas relaciones con colegas, Lifton no cejó en advertir tales influencias. “Con Trump, claramente, la normalización del mal se convierte en la regla, señaló, porque él es presidente y lo que hace un presidente tiende a normalizar comportamientos potencialmente malos, malvados o destructivos”. En el mundo de hoy no solo Trump cabe en esta definición. El “testigo profesional” demostraba una filosa lucidez.

Dedicó siete décadas al estudio de los efectos devastadores que el mal y las guerras provocan no solo en los cuerpos, los espacios físicos y las geografías que destruyen, sino también, y especialmente, en las mentes y en las almas de los sobrevivientes y de los testigos

Lifton dejó libros esenciales, producto de sus investigaciones. Entre los más destacados se encuentran Los médicos nazis, la ciencia de matar, Muerte en vida: los sobrevivientes de Hiroshima, Destruyendo el mundo para salvarlo (un notable estudio sobre el fanatismo y el terrorismo) y su obra póstuma, de 2023: Sobreviviendo a nuestras catástrofes, una profunda reflexión sobre la resiliencia humana que abarca hecatombes y crisis desde Hiroshima hasta la pandemia de Covid-19. De su inmersión en el estudio del mal (el Holocausto e Hiroshima fueron para él dos muestras culminantes de esa capacidad humana, a la que investigó especialmente) Lifton rescató una paradójica conclusión: sostenía firmemente que la esperanza es posible, y que gracias a lo que hacemos para confirmarla sobrevive nuestra especie.

En 2010 murió su esposa, Betty Jean Kirschner, con quien estuvo casado durante 58 años y tuvo a Natasha y Ken, sus hijos. Compartió los últimos diez años de su vida con Nancy Rosenblum, compañera intelectual y sentimental. Su padre y su madre (Harold y Ciel) eran inmigrantes judíos llegados a Estados Unidos desde Bielorrusia. El padre vendía electrodomésticos y él se crio en Brooklyn, donde su infancia transcurrió entre gente común, en un tiempo en que las penurias económicas eran el pan de cada día. El tema de la supervivencia lo motivó desde temprano, porque la conoció en carne propia y en vidas cercanas. A Lifton se deben, y no casualmente, algunos de los más sólidos y consultados estudios sobre lo que se conoce como shock postraumático, afección que investigó exhaustivamente en sobrevivientes de Hiroshima, del Holocausto y en soldados que regresaron de la guerra de Vietnam, a la cual fue un activo opositor.

En su último libro este testigo decisivo del último siglo de la historia escribe: “Lo que llamamos futuro es inseparable del compromiso presente. Ese compromiso se basa en las energías de supervivencia y significa convocar a profesionales, líderes políticos y ciudadanos comunes”. Hasta el final Robert Jay Lifton acudió a ese llamado.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/un-testigo-indomable-de-los-males-del-siglo-nid06092026/

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