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Recorremos esta casa en el club Arelauquen, que incentiva la reunión familiar rodeados de paisaje

El lote donde se encuentra la casa que vamos a visitar hoy tenía un desnivel, en caída, entre la calle y el fondo; y sus dueños, una idea clara: querían una casa sencilla y flexible, capaz de a...

El lote donde se encuentra la casa que vamos a visitar hoy tenía un desnivel, en caída, entre la calle y el fondo; y sus dueños, una idea clara: querían una casa sencilla y flexible, capaz de alternar entre la rutina de la familia primaria y los encuentros extendidos con amigos.

La respuesta del estudio Alric-Galíndez para esta obra nueva en Arelauquen Golf & Country Club, ubicado entre la ladera sur del cerro Otto y la costa del lago Gutiérrez, fue un proyecto que resuelve ambos desafíos con la misma naturalidad. Por un lado, se posa en la pendiente para vincular la topografía con las vistas lejanas, el jardín y la cancha de golf; por el otro, concentra la vida cotidiana en un espacio integrado que resguarda la intimidad familiar o recibe a infinidad de personas, sin que se pierda jamás la sensación de refugio.

Con la misma madera que veremos revistiendo el interior, la fachada emula el ritmo vertical de los troncos y establece un diálogo entre lo artificial y lo natural, enhebrados por un único material.

Hay equipo

“Nuestros proyectos siempre empiezan con la evaluación de dos ejes: el vínculo entre la arquitectura y el terreno, para potenciar el paisaje, y el estilo de vida de los clientes. Ellos no nos plantean la forma de las casas, sino cómo quieren vivirlas”, cuentan Carlos Galíndez, Santiago Alric, Federico Lloveras y Luciano Capaccioli, los arquitectos que comandan el estudio Alric-Galíndez.

Por pedido de sus dueños, la casa se pensó como un espacio compacto e integrado para recibir gente de manera relajada. Incluso la llaman ‘La Base’; no porque esté al pie del cerro Catedral, sino porque funciona como sede vacacional de multitudes.

Arq. Carlos Galíndez, socio del estudio Alric-Galíndez, la firma a cargo del proyecto

“Todo ese frente queda resuelto con un solo elemento que, a su vez, es flexible, porque permite que tanto el guardado como la decoración muten según el sector al que le da servicio”, dicen sobre la larga estantería.

“Para potenciar la fusión de los ambientes, el interior es monovolumen y (casi) monomaterial: la planta alta balconea al estar y desdibuja los límites entre lo público y lo privado, mientras que todos los elementos fijos se resolvieron con madera de ciprés y hierro”.

El proyecto de iluminación estuvo a cargo del arquitecto Arturo Peruzzotti, especialista en la materia. “Le pedimos que destacara solo algunas luces, como las lámparas colgantes del comedor, y que el resto de los artefactos quedara camuflado entre la madera. Elegimos siempre alternativas cálidas e indirectas para acompañar con sobriedad los materiales principales”, cuentan en Alric-Galíndez.

“Nos gusta sintetizar al máximo las volumetrías porque permite destacar, por contrapunto, los paisajes naturales. Este es un rectángulo clavado en una barranca que, cuando se encuentra con el nivel del jardín, se abre hacia el arbolado y la cancha de golf”.

Arriba, cuartos con vista a la montaña

Las claraboyas son recortes del cielo que llevan luz a la doble altura, pero originalmente se pensaron para acceder a la cubierta a través de una de ellas. “Fue un pedido de la dueña de casa, que quería traspasar el techo para sentarse ahí arriba a contemplar el paisaje”.

“Por encima de la calle de acceso se ven los picos del cerro Catedral, y por eso decidimos elevar los dormitorios: para que capturen esas imágenes, al tiempo que ganan privacidad”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-living/recorremos-esta-fantastica-casa-en-el-club-arelauquen-que-incentiva-las-reuniones-familiares-nid02082026/

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