Reseña. La vida al final, de Bernhard Schlink
Hace casi un siglo, el filósofo alemán Martin Heidegger escribió en Ser y tiempo que “la muerte es la posibilidad radical de la imposibilidad de existir”; es la posibilidad que al concretars...
Hace casi un siglo, el filósofo alemán Martin Heidegger escribió en Ser y tiempo que “la muerte es la posibilidad radical de la imposibilidad de existir”; es la posibilidad que al concretarse imposibilita la realización de cualquier otra posibilidad. Advirtió, además, acerca de la actitud evasiva que encubre la angustia ante la muerte llevándola al terreno de lo impersonal: “todos” se mueren, “alguien” se muere. Pero, ¿qué sucede cuando la muerte se presenta como algo inminente e ineludible para un individuo concreto? Esto es lo que pone en escena, de modo magistral, Bernhard Schlink en su novela La vida al final. Allí, otro Martin, también alemán y profesor, como Heidegger, recibe un diagnóstico médico que le anuncia que le quedan unos pocos meses de vida. La certeza del advenimiento la muerte ya no puede eludirse, su consideración no puede postergarse. El impacto de la noticia hace estallar una cotidianidad inadvertidamente cristalizada hasta entonces y coloca en un primer plano lo esencial, aquello en lo que vale la pena que Martin concentre sus últimos esfuerzos vitales: su joven mujer, Uma –artista plástica insatisfecha con su obra y con un pasado familiar tormentoso- y su pequeño hijo David que no acaba de entender por qué su padre tendrá que marcharse.
El primer impulso del protagonista será organizar con urgencia el mejor legado para los suyos, como un modo de proyectar una presencia póstuma, casi fantasmal, en su futuro. Si el sentido implica recorrido, trayecto, camino –Martin es profesor de historia- pensar en el futuro implica sumergirse en el pasado. Buscar qué dejarles a los otros es, a la vez, recordar aquello que otros nos han dejado antes de partir. En la tensión entre un pasado personal y familiar y un futuro amenazado por la inminencia del arribo de la “imposibilidad radical” se abre una trama rica y compleja que sin perder dinamismo en ningún momento invita en cada página al lector a reflexionar no sólo sobre la muerte sino, ante todo, sobre la vida. En una carta que piensa dejarle a su hijo en su escritorio –que también espera heredarle-, Martin escribe: “Lo que sé y quiero es que también tú sepas que no me arrepentí nunca de haber amado (…) Y debería haber amado más, no sólo a las mujeres cuyo amor a menudo di por sentado, sino también a mi madre en su vejez (…) A veces nuestra energía se la lleva entera el trabajo, porque es lo que toca. A veces, hay que dedicarla a la familia (…) No hay equilibrio. En esta vida siempre estamos haciendo malabarismos”.
Si bien el título de la novela, La vida al final, alude en forma directa al último tramo de la existencia, también podría sugerir que hasta en los postreros momentos es la vida lo que nos reclama. De lo que se trata siempre –incluso al final- es de vivir.
La vida al final
Bernhard Schlink
Anagrama
Trad.: Daniel Najmías
224 páginas
$ 38.500
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/resena-la-vida-al-final-de-bernhard-schlink-nid29082026/