César Tcach: “En Illia, la ética era un argumento para construir consensos”
“El Arturo Illia que emerge de este estudio es más complejo que el pasivo presidente que describí en mi propia obra”, admite Robert Potash en el prólogo de la primera edición de Arturo Illi...
“El Arturo Illia que emerge de este estudio es más complejo que el pasivo presidente que describí en mi propia obra”, admite Robert Potash en el prólogo de la primera edición de Arturo Illia. Un sueño breve (Edhasa), el libro de César Tcach y Celso Rodríguez. Reconoce con sus palabras la profundidad de esta investigación inusualmente rigurosa sobre esa etapa de la historia argentina, que tiene como subtítulo y foco temático “el rol del peronismo y de los Estados Unidos en el golpe militar de 1966”.
El libro fue escrito a cuatro manos entre dos autores que no se conocieron. Celso Rodríguez, mendocino, vivió gran parte de su vida en Estados Unidos, se doctoró en Historia y trabajó en la Universidad de Massachusetts con Potash. Allí investigó en los registros del Departamento de Estado y los Archivos Nacionales en busca de materiales referidos a los asuntos internos argentinos, muchos de ellos secretos hasta ese momento. De regreso en la Argentina a mediados de los años 90, siguió investigando, pero murió sin haber podido plasmar el gran trabajo de su vida en un libro.
Por sugerencia de Potash, la esposa de Rodríguez, Nelly, le encargó esa tarea a César Tcach, hoy investigador titular del Conicet y profesor titular plenario de la Universidad Nacional de Córdoba. Tcach aceptó el desafío y agregó al enorme archivo de Rodríguez su propia investigación, que amplió aún más para esta segunda edición, a 60 años del golpe de 1966. Con él hablamos de Illia y el contexto político de la época.
-¿Por qué se recuerda más a Illia por su decencia que por las políticas progresistas que llevó adelante?
-Illia tenía la convicción de que si se actuaba de modo correcto, los demás actores políticos se iban a ir plegando paulatinamente a su posición. Es decir, en contraste con el presente, la dimensión ética no era un argumento para definir enemigos, sino para intentar construir consensos. Esa ética política estaba en diálogo con el reformismo social en beneficio de los sectores populares, y con el republicanismo, porque durante su mandato la división de poderes fue respetada estrictamente. Recordemos que liberó a todos los presos políticos que quedaban de la Revolución Libertadora o desde el gobierno de Arturo Frondizi. Durante el gobierno de Illia no hubo represión. A mediados de 1964, el sindicalismo paró prácticamente el país; se tomaron centenares de fábricas y no hubo ningún tipo de represión. Además, tomó posesión de las explotaciones petrolíferas cedidas por Frondizi al capital extranjero e impulsó la ley del salario mínimo, vital y móvil. Pero nada de lo que hizo fue suficientemente valorado en la época. Por ejemplo, en 1965 hubo grandes protestas de los universitarios por más presupuesto universitario y en realidad el presupuesto era bastante aceptable. Lo que ocurría era que en esos años se iniciaba un proceso de radicalización política muy fuerte. Fue el año de la invasión norteamericana a República Dominicana, por ejemplo. Ilia fue el único en rechazar el pedido de envío de tropas a ese país.
-Hablemos del rol de las corporaciones que se opusieron a Illia, algunas de manera antidemocrática.
-En aquella época había una coalición que se llamaba Aciel, Acción Coordinadora de Instituciones Empresariales Libres, que nucleaba la Asociación de Bancos, la Sociedad Rural y a todas las grandes corporaciones empresarias. Aciel veía al gobierno de Illia como la versión radical del populismo peronista. Su oposición era frontal. Otro caso fue, por ejemplo, el de la Unión Argentina de Propietarios, que protestaba porque, debido a la ley de alquileres, que venía de la época de Perón, los alquileres estaban prácticamente congelados. Illia no quería modificar la ley drásticamente. Entonces la Unión Argentina de Propietarios le envía una carta al general Juan Carlos Onganía que dice: “Señor General (...) ¿Cómo permite el señor Presidente que subsistan leyes demagógicas e inmorales como la ley de Alquileres (...) con lo que se facilita la tarea desintegradora del comunismo? (...) Señor General, como digno representante del Ejército, pedimos por vuestro intermedio amparo a las Fuerzas Armadas, creadas precisamente para garantizar nuestro tradicional sistema de vida”. Es decir, los grandes propietarios, en lugar de hacer lobby en el Congreso, le envían una carta al jefe del Ejército. Illia tuvo que lidiar con ese contexto en el que la dimensión corporativa se manifestaba en todos los planos. En el sindical, porque Augusto Timoteo Vandor paralizaba a la Argentina en función de sus propios intereses. Y por supuesto, en el Ejército, que pasa del antiperonismo al antipartidismo, es decir, a estar en contra de la política partidaria.
-¿Cómo maniobró el peronismo en contra de Illia?
-Tanto Vandor, como José Alonso, que era el principal dirigente sindical peronista que respondía a Perón, apostaron al golpe de Estado. De hecho, ambos estuvieron sentados en la segunda fila del Salón Blanco de la Casa Rosada cuando asumió Onganía, que en lugar de jurar por la Constitución Nacional, lo hizo por el estatuto de la Revolución Argentina.
-¿La hostilidad del peronismo hacia Illia se debía al hecho de que se hubiera levantado solo parcialmente su proscripción o por meras ambiciones poder?
-En realidad, el peronismo y el radicalismo de Illia no planteaban cosas demasiado diferentes en el plano económico social. Los peronistas estaban de acuerdo con que se anulasen los contratos petroleros y difícilmente podían cuestionar la ley de medicamentos que Illia había enviado al Congreso, que consideraba que los remedios eran bienes sociales, no mercancías sujetas a la oferta y la demanda. Creo, por lo tanto, que la oposición incendiaria de los peronistas hacia Illia se debía a que lo veían como un competidor.
-En cuanto al rol de Estados Unidos, estaba en contacto directo con los militares...
-En contraste con lo que la izquierda de la época suponía, el hombre de los Estados Unidos en el Ejército argentino no era Onganía, sino el general Julio Alsogaray. Tanto es así que uno de los documentos de la embajada de principios de junio de 1966, el general Alsogaray le informa a los agentes de la CIA en Buenos Aires la fecha aproximada del golpe, los militares comprometidos, las unidades que estaban aseguradas y las características del nuevo gobierno. Lo que les cuenta es prácticamente lo que va a ocurrir pocas semanas después. En el libro incluimos documentación muy específica.
-Otro aspecto que analiza el libro es la reticencia de Illia a formar alianzas y a tener una política de comunicación eficiente. Quizás sus dos más graves errores.
-Así es, porque, pese a haber obtenido votos de otras fuerzas políticas en el Colegio Electoral para ser designado presidente, no construyó alianzas que permitieran mantener esos apoyos extrapartidarios durante su gobierno. Eso venía también de la tradición yrigoyenista de rechazar las alianzas porque supuestamente diluía la identidad radical. Y un segundo déficit importante fue la ausencia de una política comunicacional. Tenía una visión muy anticuada de la comunicación política. Los testimonios de gente muy cercana a Illia apuntan que él había viajado a Europa en la década del 30 y vio como Hitler utilizaba los medios de comunicación; después vio como Perón usaba la prensa y no quería repetir la historia. Pero fue un gran error.
-Además, el radicalismo seguía dividido y en una lucha interna muy intensa._
-El radicalismo estaba dividido en dos partidos, la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) de Ricardo Balbín, Amadeo Sabatini e Illia, y la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), de Frondizi. Entre ambas hubo una especie de guerra fratricida. La UCRP había hecho una oposición muy dura al gobierno de Frondizi. Una vez invertido los roles, el frondizismo le devolvió la gentileza, desarrolló una oposición absolutamente destructiva a Illia.