Dar el salto: una pareja contactó a una arquitecta para pasar de un departamento mini a uno de 300 m2
“Los clientes compraron un departamento en pozo y estaban por dar el salto de una vivienda muy chica hacia una de 300 metros cuadrados”, relata ...
“Los clientes compraron un departamento en pozo y estaban por dar el salto de una vivienda muy chica hacia una de 300 metros cuadrados”, relata Consuelo Saravia, arquitecta argentina instalada en Montevideo, Uruguay, donde se ubica la propiedad. Los dueños, un matrimonio joven con dos niños pequeños, llegaron a ella con un pedido puntual: “Buscaban un interiorismo con carácter, no querían hacer algo genérico”.
Desde el piso 10 del edificio, los grandes ventanales de piso a techo ofrecen vistas panorámicas de Montevideo y la rambla.
“El interiorismo se fue construyendo a partir de observar cómo vivían, qué disfrutaban, qué necesitaban modificar. Fue un trabajo muy a la par y eso me encantó”, asegura Saravia.
Punto de partida“Inicialmente me llamaron para hacer el interiorismo en el living y los tres dormitorios”. Pero a medida que se iban conociendo, fueron incorporando cambios importantes en la distribución y el uso de algunos espacios. “El hecho de que yo fuese arquitecta, además de interiorista, les dio mucha tranquilidad”, agrega.
Trabajo mucho la idea de que la obra sea un disfrute, que la pasen bien y no la vivan como un proceso pesado o tortuoso.
Arq. Consuelo Saravia, a cargo del proyecto
Durante la etapa de entrevistas y charlas iniciales con los dueños, Saravia conoció datos clave para el diseño del proyecto. Por ejemplo, que sus familias son numerosas y les encanta recibir invitados.
“Fue un desafío conseguir un carpintero que tuviera una pieza gigante de roble para la mesa. Fue toda una obra de ingeniería, ¡hasta tuvimos que subirla con una grúa!”, recuerda con humor.
Abrir la cocinaLa cocina, originalmente separada del living comedor, estaba por fuera del pedido inicial. “La que entregaba el edificio era muy fría, entonces les propuse ciertos cambios estéticos que aportaran calidez y conexión con el área social”, cuenta.
Uno de los primeros cambios fue reemplazar la carpintería original por una puerta corrediza en hierro y vidrio.
“Para una familia que cocina todas las noches, la decisión de integrar la cocina al espacio social hizo que preparar la cena dejara de significar separarse de lo que estaba pasando alrededor”
Animarse al color“Lo primero que me dijo la clienta fue que no le gustaban mucho los colores”, cuenta la arquitecta. Aunque con el tiempo, empezaron a verse pequeños destellos de color que hoy le dan personalidad al departamento.
“Con el avance del proyecto apareció una faceta más libre y expresiva, donde se animaron a incorporar elementos que terminaron convirtiéndose en gestos muy personales”.
Además de los muebles e intervenciones estructurales, Consuelo trabajó en la propuesta artística. “Para mí es muy importante que haya arte, que se apropien del espacio. No me gusta que todos los departamentos se vean iguales”, asegura.
Para el estar, diseñó una biblioteca de madera que ocupa toda la pared: “Cuando hacés muebles muy grandes tenés que tener mucho cuidado para que no se te vayan de escala”.
“Trabajé matemáticamente en la biblioteca: dibujé un patrón y lo di vuelta, para generar la armonía del espacio”.
El espacio de los chicosDurante sus años en Buenos Aires, Consuelo tuvo una empresa de muebles de diseño para chicos, experiencia que tuvo presente a la hora de pensar en sus cuartos.
“Las cosas para niños tienen que diseñarse a su escala para que la percepción del espacio sea más pequeña y se sientan contenidos”.
En el otro cuarto, todos los muebles fueron diseño de la arquitecta. “La idea era que todo estuviese a su altura: los dibujos de la pared, el escritorio para pintar, la cama”, resume.
Pensado para vivirse, el cuarto del hijo mayor es, además, el espacio de juegos.
Espacio de calmaDe la ropa de cama a las lámparas y sillones, el blanco es el gran protagonista en la suite principal. Se acompañó de almohadones, mesas de luz y cortinas grises y dos únicos detalles en dorado que le dan personalidad.
En la pared, se utilizaron varillas para simular una boiserie francesa. “Te arma el espacio y le da ritmo”, asegura Saravia.