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En Misiones, una comunidad Mbya Guaraní resiste a la forestación mientras vive sin luz ni agua

“Sin monte, no hay vida para nosotros” En Misiones, una comunidad Mbya Guaraní se resiste a dejar su territorio y sobrevive sin luz ni agua potable ...

“Sin monte, no hay vida para nosotros” En Misiones, una comunidad Mbya Guaraní se resiste a dejar su territorio y sobrevive sin luz ni agua potable


Texto de Micaela Urdinez | Enviada especial

29 de agosto de 2026

MISIONES.- “Sin monte, no hay vida”. “La naturaleza se nos está acabando”. Así intentan explicar los Mbya Guaraní lo que les resulta inexplicable: que el ecosistema que le da sentido a sus vidas está desapareciendo, que donde antes había frutales y arbustos ahora hay pinos, que donde antes había corrientes de agua ahora solo queda tierra seca, que donde antes había sonidos de animales, ahora solo hay silencio. Ellos son un pueblo que se mudaba buscando alimento y agua. Ahora, dicen, la selva misionera está repleta de cercos y alambres de “dueños blancos con títulos de propiedad,” de empresas forestales y ganaderas que rompen con el equilibrio de la naturaleza. Ahora, dicen, ellos quedaron encerrados en un parche de tierra en el que cada día les cuesta más sobrevivir.

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Vasco Baigorri es integrante del Equipo Misiones de Pastoral Aborigen (Emipa), desde donde defiende los derechos territoriales y ancestrales del pueblo Mbya Guaraní. Tiene puesta unas bombachas de campo con un cinturón que lleva las iniciales de su nombre, una chomba y una boina. Tiene ojos verdes y una barba muy blanca. Hace muchos años que recorre las comunidades originarias de la provincia y lo que le resulta más urgente es “la formación en lo que es el derecho indígena ya que Misiones no reconoce a los pueblos indígenas en su Constitución y que no se reconozcan los derechos que tienen las comunidades como el del acceso al agua”. Desde Emipa acompañan a las comunidades en sus reclamos contra las empresas y contra los privados con los que comparten territorio. —¿Por qué sucede esa superposición? —En 1816, cuando se declara la Independencia, el Estado se considera heredero de todas las conquistas que hizo España y dueño de los territorios sin considerar que había indígenas en ellos. Y reparte la torta como mejor le parece. En la provincia de Misiones, se dieron primero permisos de ocupación y después se estableció la venta y se titularizó al comprador o a quien hubiese tenido el permiso de ocupación. Esto sin considerar la preexistencia indígena que recién la tenemos legislada a partir de 1994 y no reconociendo la propiedad preexistente de las comunidades.

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Atrapados en la selva . La comunidad Takuapí Mirí está compuesta por ocho familias que viven sin luz ni agua en casas de madera con pisos de tierra; arriba, Francisco Silva, el cacique muestra algunas orquídeas que crecen naturalmente y ellos venden en el pueblo

Hay un ritual que hay que respetar para ingresar a una comunidad Mbya Guaraní. Los adultos, los niños y las autoridades originarias se reúnen en un semicírculo para recibir a los visitantes. Hay que ponerse en fila, ordenados de mayor a menor en edad, y avanzar lentamente hasta obtener el saludo de “Aguyjevete” (una palabra sagrada del idioma guaraní que se traduce como "te saludo y te bendigo con todo lo que soy y con mis ancestros como testigos") y luego responder con el mismo saludo levantando las dos manos abiertas a la altura de las orejas. Francisco Silva es el cacique de la aldea Takuapí Mirí, en la zona de Puerto Mado, en la que viven ocho familias y que no tiene título de propiedad comunitario, sino que un particular es el titular de la tierra. Silva es el que toma la palabra mientras los menores escuchan en un respetuoso silencio. Tiene el pelo negro tupido, la barba apenas crecida y, mientras habla, hace gestos con las manos. —Lo único que tenemos es este arroyo que viene por arriba. Nosotros lo usamos para beber y para lavar la ropa. Tenemos una escuelita primaria satélite para 11 alumnos a la que asisten 18 que no tiene agua potable. —El agua parece bastante sucia. —Sí, totalmente. Es sucia. Más para arriba hay una plantación de pinos o eucaliptos. Muchas veces, los chicos se enferman y eso no es bueno. Como nosotros no tenemos agua potable o vertiente, tenemos que usar la del arroyo. —¿Y antes era cristalina el agua? —Sí, era muy limpia, muy linda para tomar. —¿Tenía más corriente también? —Sí, ahora menos, porque río arriba, por ejemplo, echan los pinos con las máquinas. Entonces se tapa el río y ya se queda y viene para abajo poca agua. Y eso también arruina los arroyos. Antes los chicos encontraban pescaditos para divertirse, pero ahora no hay muchos. —¿Los ancestros podían pescar acá? —Anteriormente, sí. Nosotros teníamos mucho pescado, pero ahora nosotros vemos que el caudal del arroyo es poquito, que el monte mismo es cada vez más chico y que la naturaleza se está acabando. —Hay muchas amenazas. —Sí, totalmente y se van comiendo el monte. Pasa con la deforestación para las plantaciones de pinos y araucarias que para hacerla tienen que cortar flora autóctona. —Y también hay agricultura. —Sí, en muchas partes hay animales vacunos que también arruinan mucho el agua de las vertientes. —¿Esta agua ustedes la filtran, le ponen cloro, le hacen algún tratamiento antes de tomarla o la toman así nomás? —Nosotros la llevamos y la tenemos que hervir primero para evitar enfermedades. —Cuando se enferman los chicos, ¿ustedes tienen alguna salita sanitaria a dónde ir? —No, en esta comunidad estamos pasando un momento difícil porque nosotros no tenemos una salita ni un médico. El camino es de tierra y, cuando llueve, ya estamos aislados. Francisco camina hasta la entrada de la comunidad para señalar cómo a lo lejos se divisa una mancha grande de copas de pinos que marcan el inicio de la forestación.

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La reforma de la Constitución Nacional de 1994 incorporó en el artículo 75 el inciso 17 que reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos y también, la personería jurídica de sus comunidades y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan. A su vez, regula la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano y asegura su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten. Doce años más tarde, en 2006, fue sancionada la ley 26.160 de Emergencia Territorial Indígena para declarar la emergencia en la posesión y propiedad de las tierras que ocupaban tradicionalmente los pueblos originarios. Prohibía ejecutar desalojos de las comunidades indígenas registradas mientras se realizaba el relevamiento catastral y técnico de sus territorios. Su vigencia original era por cuatro años, pero fue prorrogada en varias oportunidades a través de sucesivos decretos y leyes. El 10 de diciembre de 2024, el Poder Ejecutivo publicó el Decreto 1083/2024 para derogar el Decreto N° 805/2021 que mantenía la prórroga, se declaró formalmente finalizada la emergencia y se habilitaron nuevamente los desalojos de las tierras comunitarias. “Ahora tenemos una cantidad de titulares registrales que han empezado ya su juicio de desalojo y otros juicios de desalojo que son anteriores a la ley 26.160, pero que habían quedado suspendidas las sentencias y se van a poner en funcionamiento”, dice Baigorri con preocupación. De las 141 comunidades originarias de la provincia, alrededor de 80 cuentan con título de propiedad según la Dirección de Asuntos Guaraníes y están por titularizar a seis nuevas.

Crecer en la naturaleza . Los niños se crían en armonía con la flora y la fauna, corren por la selva, juegan con palos, plantas y cualquier cosa que les sirva para hacer volar su imaginación “Hay toda una biodiversidad que desaparece con los montes de pinos solos. Nos queremos transformar en una provincia maderera a costa de lo que sea”

Vasco Baigorri, integrante de Emipa

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Tienen rasgos similares: la nariz ancha, las cejas tupidas, la mirada negra penetrante, unas orejas prominentes y el flequillo que les cae justo encima de los ojos. Felipe es mayor, le saca una cabeza a Daniel y tiene el pelo negro, al que el sol parece darle un tinte rojizo. Son las 10 de la mañana en la comunidad Takuapí Mirí y cada uno sostiene un balde mientras descienden por la picada hasta llegar al arroyo por el que apenas corre el agua. Unos metros más abajo, una mujer lava la ropa a mano. Está en cuclillas sobre una madera que corta de manera perpendicular el cauce del arroyo y frota con un jabón cada una de las prendas. Cuando termina, las cuelga de una piola que está atada a las ramas de los arbustos y las deja secar al aire libre. Felipe y Daniel la miran a lo lejos, también se agachan y se ocupan de llenar los tachos lo máximo que pueden. Ahora tienen que hacer más fuerza para encarar la subida de tierra mojada con ojotas hasta llegar al corazón de la comunidad, un conjunto de menos de diez casas de madera, algunas pintadas de distintos tonos de rosa y de rojo. “Esa agua no se puede tomar”, dice Daniel, de 11 años y pone el agua a hervir sobre el fuego.

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Karina Aguirre es la ministra de Derechos Humanos de Misiones y también es abogada. En relación a los pueblos originarios, reconoce que el derecho no siempre es justo. “Si hablamos de la tierra ancestral de los aborígenes, toda la Argentina, toda Latinoamérica, toda América es del pueblo aborigen. El que vino de afuera es el conquistador y a partir de ahí pasaron 500 años donde se fueron haciendo títulos de propiedad de todo tipo y donde se avanzó sobre estos derechos que hoy por hoy obviamente están siendo objeto de revisión. Entonces, creo que se ha normativizado sobre injusticias”, señala. Y continúa: “El punto primordial de toda la discusión es cómo hacemos para garantizar el derecho de las comunidades frente a un derecho real de una empresa o de un particular que tiene un título de propiedad. Es muy complejo”, explica sobre las tensiones que le toca administrar entre los derechos de propiedad privados y los relevamientos territoriales de las comunidades originarias que arrancaron recién hace 20 años. Una manera de intentar reducir los niveles de conflictividad es llevar adelante consultas previas, libres e informadas con las comunidades cuando existe la posibilidad de un cambio de uso de suelo o cuando el Ministerio de Ecología tienen que autorizar un plan de manejo forestal. “Si hay una comunidad, por lo menos, dentro de un radio de los 10 kilómetros a la redonda tenemos que llamar a consulta. Se informa primero a las comunidades sobre cuál es la propuesta para que ellos tengan voz y puedan expresarse y, a partir de eso, se pueda tomar después una decisión”, agrega. Desde 2024 hasta la fecha, se realizaron 27 de consultas a las comunidades, según el Ministerio de Ecología.

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”Esta agua no se puede tomar”. Esta frase la dice Daniel, un niño de 11 años, sobre el agua que acaban de traer del arroyo que está a unos metros abajo de la comunidad y que apenas tiene caudal; tiene un color marrón y para tomarla, tienen que hervirla

“En esta comunidad lo que uno está sufriendo es la falta de agua, de luz y de un doctor. Hay muchas comunidades también que están pasando la misma situación que nosotros. Para mí es una discriminación”, dice Graciela Nancy Espínola, la esposa del cacique. Hasta hace unos minutos, estaba ordenando las artesanías en madera y los collares con semillas que hace todos los días. —En general, los hombres de la comunidad, ¿de qué trabajan? —En la cosecha y venden las artesanías en el pueblo. —¿Y acá cómo se arreglan cuando llega la noche y oscurece? —Con linterna y lámpara. Tenemos un panel que solo anda de día. —¿Y te preocupa el tema del agua? —Sí, no tenemos agua y acarreamos del arroyo para lavar, para tomar. Espínola hizo hasta cuarto grado de la primaria y le gustaría retomar sus estudios para poder terminarla. Si pudiera soñar en grande, le gustaría ser guardaparques. “Sin monte no hay vida para nosotros. Cada vez se va achicando más el monte. Yo veo siempre a los animales que echaron todos con la forestación, que corren de acá para allá porque ellos ya no tienen a dónde ir”, dice mientras hace un recorrido para mostrar las plantas medicinales que usan y cuenta que la mayoría de los partos de sus hijos fueron en su casa. Y agrega: “Todos estos árboles son remedio. Nosotros no vamos mucho al hospital. ¿Por qué? Porque tenemos mucho remedio. Todo lo que necesitamos está en el monte. Mi mamá hace los té para los chicos, los remedios y se curan”. —¿Cómo te imaginás el futuro de tus hijos? —Siempre les digo que estudien y que tengan un estudio lindo. Una de mis hijas se quiere ir al Ejército. Le gusta. Y uno quiere estudiar para federal. Ojalá Dios quiera que salga todo bien porque hay mucha discriminación también. Yo quiero que los estudiantes tengan agua en la escuela también. Porque muchas veces no tienen clase. La mayor preocupación que yo tengo como madre es que quiero que los chicos avancen, ¿viste? Pero cuando llueve, la maestra no puede llegar.

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Baigorri hace un esfuerzo por poner en palabras cómo en la cosmovisión Mbya Guaraní las comunidades se sienten parte de la tierra, del monte, de la selva, del agua, de los animales. —La comunidad pretende seguir viendo lo que vieron sus abuelos y les falta el árbol, les falta el pájaro, les faltan los peces, les falta el agua que han tomado toda su vida que ya no es apta para el consumo humano. Porque cuando vos sacás un árbol estás matando vida. Nos queremos transformar en una provincia maderera a costa de lo que sea. Hay toda una biodiversidad que desaparece con los montes de pinos solos. Vos te parás en un pinar y no escuchás un pájaro, y vas a pisar agujas de pino porque no existe nada vivo de verdad. —¿Por qué no es apta para el consumo humano el agua? —En las comunidades ahora hay dos problemas, la disminución del caudal de los arroyos por las sequías de las vertientes y por las forestaciones. Y después está la contaminación que proviene de una suma de cosas como la ganadería, el trabajo con agroquímicos y cuando esos arroyos pasan por el pueblo.

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De las 3 millones de hectáreas que tiene la superficie de la provincia de Misiones, casi un millón y medio están cubiertas con bosques nativos, según informa el Ministerio de Ecología. De este bosque nativo, 233.083 hectáreas son de categoría roja (sectores de muy alto valor de conservación que no deben transformarse ni ser sujetos a aprovechamiento forestal), 901.617 son de categoría amarilla (sectores de mediano valor de conservación que no deben desmontarse pero podrán ser sometidos a un aprovechamiento sostenible, destinados a turismo, recolección e investigación científica) y 477.858 que son de categoría verde (sectores de bajo valor de conservación que pueden transformarse parcialmente o en su totalidad). “El 52% de la biodiversidad argentina está representada en la provincia de Misiones. Un poquito más de 500.000 hectáreas están destinadas a parques provinciales, nacionales o reservas privadas, y aproximadamente un millón de hectáreas están en manos privadas, las cuales son susceptibles de explotación forestal, aprovechamiento forestal o desmonte o cambio de suelo dentro de la superficie cubierta con bosques nativos”, explica Milton Morán, director de Bosques de Misiones. Y agrega: “En este millón de hectáreas que están en manos de tenedores privados se puede solicitar el aprovechamiento del bosque nativo. Se aprueban los planes de aprovechamiento y estas áreas quedan en descanso por alrededor de 20 años hasta que el bosque remanente se recupere y tenga los diámetros necesarios para realizar el nuevo aprovechamiento. En el caso de los planes de cambio de suelo, la superficie cubierta de bosque nativo se desmonta y en general se solicitan para habilitar cultivos de yerba mate, actividad ganadera, tabaco también. Y algo de forestación, pero en menor medida”.

Proteger el territorio . Dalmacio Ramos, cacique de la comunidad Tekoa Ysyry, usa un palo para dibujar en la tierra un mapa de cuáles son las comunidad Mbya Guaraní que están cercanas y explicar cómo cada una está siendo amenazada

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La provincia de Misiones ha desarrollado un mapa interactivo donde están geolocalizadas las 141 comunidades Mbya Guaraní. Según Aguirre, aproximadamente el 60% de ellas tiene acceso a servicios como agua y luz. “Cuando no hemos podido avanzar para darle servicios se puede haber dado por dos situaciones: una, que es la más difícil, es que el inmueble sea de un particular o de un privado y allí es donde no puede avanzar el Estado porque no puede ingresar sin la autorización del privado; y la segunda, es cuando son comunidades que se han desdoblado de otra más grande. Entonces los servicios quedan en la comunidad antigua”, explica. Sobre este punto, y para dar dimensión del crecimiento de las comunidades, Francisco Rodríguez, director de Asuntos Guaraníes de la provincia, señala que hace cinco años el número era de entre 95 y 100. “Muchas de estas nuevas comunidades se instalan a apenas 2 o 3 kilómetros y eso significa nuevos pedidos de perforación de agua, de tendido de luz, de escuela”, dice Rodríguez. En los casos en los que las comunidades están instaladas en territorios en los que empresas privadas o un particular detenta un título de propiedad, la Dirección de Asuntos Guaraníes genera el diálogo para que permita conectar los servicios básicos. —Justamente este es el caso de Takuapí Mirí, que generamos el diálogo con el privado, y se va a conectar la luz gracias a un financiamiento que consiguió la provincia con el BID, igual que otras cuatro comunidades. —Me habían dicho que se había negado el privado. —Es cierto que primero habían dicho que no. Estaban muy duros en un momento. Después fueron cambiando un poco su parecer, nosotros fuimos haciéndoles entender también otras cuestiones y autorizaron la energía eléctrica. —¿También autorizó para hacer una perforación de agua? -No, eso no. Seguimos en diálogo. En 2023, junto a la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación hemos hecho un recupero de vertiente en esa comunidad. Hablamos con el cacique Francisco, y él estuvo de acuerdo. —Cuando yo estuve hace unos meses no salía agua de la vertiente. ¿Ya tiene fecha de inicio la obra de luz? —Por el momento no. Fue aprobado el proyecto, ya tiene resolución, digamos, pero ya está en la última etapa para conectarlo.

Sobrevivir sin luz ni agua potable
En la comunidad Takuapí Mirí, de Puerto Mado, la única opción que tienen las familias para conseguir agua potable, es cargar baldes de un arroyo que apenas tiene cauce y que tiene un color marrón. Antes de tomarla, tienen que hervirla para evitar que los chicos tengan diarrea CON EL APOYO DE

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Conocé másCréditos Edición visual Andrea Platón @aplaton Compartir Copyright 2026 - SA LA NACION | Todos los derechos reservados

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/comunidad/hambre-de-futuro/en-misiones-una-comunidad-mbya-guarani-resiste-a-la-forestacion-mientras-que-vive-sin-luz-ni-agua-nid29082026/

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