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Fútbol, buenos negocios y mala salud

Entre las usuales aberraciones con las que la FIFA desvirtúa al fútbol, que van desde lo reglamentario hasta lo tecnológico y lo organizacional, la absurda pausa de hidratación inventada en el ...

Entre las usuales aberraciones con las que la FIFA desvirtúa al fútbol, que van desde lo reglamentario hasta lo tecnológico y lo organizacional, la absurda pausa de hidratación inventada en el reciente Mundial 2026 es una de las peores. No sólo porque fragmentó el juego quitándole ilación, secuencia, tensión y sentido tanto adentro como afuera de la cancha, sino porque, hasta donde se sabe, en la larga historia de este maravilloso deporte, que se practica en todas las geografías y bajo todas las condiciones climáticas, ningún jugador murió deshidratado. Por otra parte, es conocida la advertencia de los especialistas que aconsejan hidratarse antes o después de una actividad física, pero no durante.

Esas pausas de tres minutos, multiplicadas por 104 partidos, sumaron 4 horas, 54 minutos y 40 segundos de publicidad adicional. Sólo en las cadenas que televisaron los partidos para Estados Unidos cada segundo costaba entre 200 y 300 mil dólares

La insostenible innovación debió haberse llamado “pausa de facturación”, ya que su sentido verdadero fue el de crear un nuevo nicho de rédito económico para un evento que ya poco tiene que ver con el deporte que lo motiva y mucho con un descomunal negocio, del cual jugadores y público no son más que materia prima disponible. Esas pausas de tres minutos, multiplicadas por 104 partidos, sumaron 4 horas, 54 minutos y 40 segundos de publicidad adicional. Sólo en las cadenas que televisaron los partidos para Estados Unidos cada segundo costaba entre 200 y 300 mil dólares. Las “pausas” significaron la cuarta parte de los 850 millones de dólares en publicidad ingresados solamente por las cadenas estadounidenses. Hay que agregar a las del resto del mundo.

Nada más alejado de los beneficios del deporte que el alcohol, las bebidas gaseosas azucaradas, la comida chatarra y las golosinas cuyos anuncios infestaron hasta el hartazgo las pantallas de los televisores y de los estadios durante el Mundial

Aunque se define como “sin fines de lucro”, la logia llamada FIFA (que ya viene siendo investigada desde 2015 por el FBI estadounidense y diversos estratos judiciales internacionales debido a maniobras turbias) estimó recaudar unos 11 mil millones de dólares al cabo del Mundial, en asociación con las cadenas y marcas participantes. Lo preocupante es que buena parte del marketing y la recaudación publicitaria generados por el torneo se vinculan con el sportwashing, fenómeno que el español Aser G. Rada, pediatra y periodista, define como “la estrategia por la cual una marca utiliza el deporte para blanquear o mejorar una reputación dañada, en este caso la de productos relacionados sobradamente con enfermedades crónicas como la obesidad o la diabetes tipo 2, y mayor mortalidad”. Nada más alejado de los beneficios del deporte que el alcohol, las bebidas gaseosas azucaradas, la comida chatarra y las golosinas cuyos anuncios infestaron hasta el hartazgo las pantallas de los televisores y de los estadios durante el Mundial.

El portal de información científica SINC cita la campaña internacional Kick Big Soda Out (Echemos de una patada a las grandes gaseosas), que cuestiona los patrocinios de las marcas de refrescos a equipos, deportistas y competiciones, una iniciativa que reunió más de 600.000 firmas desde su lanzamiento en los Juegos Olímpicos de París 2024. Algo que debe atenderse, si se recuerda que la obesidad y la diabetes tipo 2, generadoras de mortalidad, son dos enfermedades cuya explosiva expansión es un fenómeno preocupante en el siglo XXI. “Lo que haría falta es que la Organización Mundial de la Salud tuviese un poquito más de poder que la FIFA”, apunta Miquel Porta, profesor de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad Pública Pompeu Fabra, de Barcelona. Este epidemiólogo piensa que no basta con apelar a la conciencia de los consumidores cuando el peso económico de las marcas es tan poderoso.

A su vez Sandra Mullin, vicepresidenta de Vital Strategies, organización mundial dedicada a trabajar en la salud pública, sostiene que “llegó la hora de anteponer a las personas frente a los beneficios económicos”. No es, por cierto, lo que ocurrió en el Mundial ni aparece entre las prioridades de la FIFA. “El fútbol se merece algo mejor. Los aficionados se merecen algo mejor”, dice una carta que Kick Big Soda Out le envió a Gianni Infantino, el jefe de la logia. Sí.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/futbol-buenos-negocios-y-mala-salud-nid02082026/

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